LA VENTANA ABIERTA EN CATALUNYA
Ser liberal es… complicado, dejémoslo así. Quizás no sea el caso para todo el mundo; está claro que un liberal en Madrid lo tendrá más fácil para expresar sus ideas que uno de Guipúzcoa. Pero creo que no ofendo a nadie ni soy muy osado si digo que ser liberal en Catalunya es, cuanto menos, cansado. No en balde, mi querida tierra es, con la salvedad del País Vasco, la región más izquierdista, colectivista y radical de toda España. En ocasiones, ver las encuestas para las generales se convierte en un frustrante desasosiego; mientras el PP se impone en casi todas las provincias y Vox se dispara, el mapa del Principat sigue teñido de rojo PSC.
No obstante, no todo está perdido. La irrupción de los de Orriols en el mapa político, junto al consabido “pendulazo” demoscópico (todavía pendiente de ejecución en las urnas), ha creado una oportunidad, un escenario a medio plazo harto interesante, una ventana abierta para romper el estado de cosas en la política catalana. Cabe matizar que no soy ningún oráculo; sencillamente teorizaré sobre lo que podría pasar y cómo podría ser beneficioso para nuestro espacio político. En cualquier caso, el tiempo me dará la razón o me dejará en ridículo; para cualquiera de ambas situaciones estoy preparado.
Como bien sabemos, la próxima cita electoral para elegir a los 135 diputados del Parlament deberá ser, como muy tarde, a mediados de 2028. Habiendo superado el ecuador de la legislatura, los próximos comicios ya son objeto de encuestas. La mayoría de los análisis apuntan a un escenario de bloqueo parlamentario. Si me preguntan a mí, creo que los números de las encuestas sí se materializarán, pero la predicción que se deriva de ellos no se cumplirá; es decir, no habrá bloqueo. Y esto puede ser una gran noticia. Me explico.
La mayoría de las encuestas serias apuntan a que el PSC será la fuerza más votada, aunque caerá por debajo de los 40 escaños. En la segunda plaza, liderando la oposición, las opciones son múltiples, pues existen posibilidades de que ERC, Junts y AC se queden en empate técnico, o que AC o ERC superen a los demás por unos pocos escaños. Los Comuns caerían aún más, y la CUP podría rozar el estatus de fuerza extraparlamentaria. Por otro lado, el PP y Vox se afianzarían en sus números, bajando ligeramente los primeros y subiendo ligeramente los segundos.
El bloqueo surgiría de no ser posible ninguna suma de las tradicionales en el parlamento catalán. En la Catalunya autonómica solo ha habido cuatro fórmulas posibles de gobierno: mayoría absoluta convergente (1984, 1988, 1992), minoría convergente (1980, 1995, 1999, 2010), bloque del Procés (2012, 2015, 2017, 2021) y tripartit (2003, 2006, 2024). Ahora bien, la desaparición de Convergència i Unió como partido y espacio político (Junts no es Convergència ni es “neoconvergente”, por mucho que se insista en ello), así como la defunción de la coalición del Procés tras la crisis de 2022, han provocado que la única fórmula posible de gobierno sea el tripartito de izquierdas entre PSC, ERC y la marca de turno a la izquierda del PSOE.
Sin embargo, las encuestas nos dicen que esta fórmula (que ya aguantó de forma agónica en 2024 cuando Illa arrebató milagrosamente un escaño a Junts por Lleida con más del 90 % escrutado) no sumará mayoría absoluta en las próximas elecciones. Esto significa que, salvo un nuevo milagro de última hora, los comicios abrirán una situación inédita para el Principado.
Después de unas elecciones, los partidos políticos se dividen en dos grupos: los que están satisfechos y los que desean una repetición electoral. En nuestro escenario teorizado, un actor clave no querría bajo ninguna circunstancia volver a las urnas: Junts per Catalunya. Junts caerá en manos de Aliança, derrotado, pero no muerto. Los políticos profesionales y los militantes huelen la sangre y se mueven cuando sienten que los suyos están débiles. Una debacle de Junts provocará dudas entre sus cuadros, sobre todo en los locales. Y la posibilidad de una repetición electoral que lo desangre más y fortalezca a la líder del Ripollès será una amenaza real, tan real que ya les adelanto: harán presidente a Illa. Seguramente, para no comprometer su imagen aún más, se limitarán a abstenerse, permitiendo que Illa, con el apoyo de sus socios, saque adelante una investidura con mayoría simple. Illa estará encantado de sentarse en el Palau cuatro años más.
Ahora bien, una vez acaecida la investidura, la convergencia de intereses entre el PSC y Junts habrá terminado. Y aquí se abrirá un escenario muy interesante: un presidente del PSC, apoyado por los Comuns y ERC, sin mayoría de ningún tipo, mientras Junts, el PP, Vox y AC sí sumarían mayoría absoluta. En este contexto, si las derechas se coordinaran y priorizaran aquello que las une, el Parlament podría aprobar leyes que jamás veríamos con un gobierno de izquierdas. Illa, maniatado, no podría sacar adelante presupuestos, decretos-leyes ni una sola moción no vinculante si el bloque diestro actúa de forma conjunta. Podría sentarse en el Palau y evitar que se tramiten iniciativas que afecten al equilibrio presupuestario, así como intentar controlar la Mesa, pero quedaría atado de manos en el resto de los escenarios. Si la derecha actúa unida, Illa estaría paralizado y Catalunya se beneficiaría de un rumbo político más centrado.
Sé que son muchas las críticas que se pueden realizar a esta idea, y voy a intentar adelantarme y responder brevemente algunas que ya preveo se emplearán para rebatirla:
“¿Y si Illa fuerza una repetición electoral rechazando la propuesta de ser candidato a la investidura? ¿O adelanta las elecciones antes de que las derechas actúen en bloque?”.
Por poder, Illa puede hacerlo: se verá increíblemente tentado de ello y seguramente busque alguna excusa para justificarlo. Pero el problema es que, salvo un vuelco demoscópico o un golpe de suerte, unas nuevas elecciones no cambiarían las dinámicas parlamentarias, al menos no de una manera beneficiosa para el PSC. Volver a las urnas agravaría la caída libre de Junts, que previsiblemente perdería más diputados en favor de Aliança.
Sabemos que al PSOE le agrada la idea de sustituir opciones políticas moderadas por otras más radicales, ya que confía en que el miedo de sus votantes al adversario le ayude a reconcentrar el voto en sus siglas. Y es cierto, pero la situación de sus socios es tan débil que, aun con todo, repetir elecciones sería arriesgarse a no alcanzar la mayoría nuevamente y, encima, a carecer de un socio potencial como Junts. Por eso creo que no se forzará la repetición electoral de forma inmediata.
Otra cosa distinta sería que Illa convocase elecciones cuando considerase que puede ganarlas con autoridad. Ante esto, solo puedo señalar que la derecha debe mantenerse alerta y no facilitar que se den tales circunstancias, pues, por la propia configuración de nuestro sistema parlamentario, si un jefe de gobierno quiere ir a elecciones, nadie puede pararle. Es un riesgo institucional que hay que asumir; por tanto, ante la posibilidad de que esta entente derechista se desvanezca por un adelanto electoral, solo me queda advertir que deberán no bajar la guardia.
“Esta es la situación casi exacta del Congreso, y no parece que esta legislatura esté beneficiando a España”.
Este punto es válido y, de hecho, a priori parece un argumento implacable. Efectivamente, en esta XV legislatura, el PP, Vox y Junts sumarían mayoría absoluta, y eso no ha impedido atrocidades como la regularización masiva. Pero hay un elemento clave que este argumento no tiene en cuenta, un factor diferencial que tiene rostro de mujer, pelo oscuro y discurso exaltado. En el Congreso no existe la presión de Aliança Catalana. Junts no tenía un competidor directo que pudiera robarle votos de forma significativa, pero ahora sí. Ahora cualquier error de Junts beneficia a Aliança, y apoyar a Sánchez resulta un craso error.
Básicamente, un Junts dócil con el PSC en nuestro hipotético Parlament le regalaría material de campaña permanente a Orriols y los suyos. Por tanto, Junts tendrá que actuar de forma diferente o morir. Además, Illa no puede ofrecer nada tan jugoso como lo fue la amnistía en su momento. También cabe recalcar que en la actual legislatura las votaciones conjuntas del PP, Vox y Junts han sido clave en múltiples ocasiones, siendo quizás el mayor éxito la famosa “Ley contra la multirreincidencia”.
“¿Y si la izquierda controla la Mesa del Parlament?”.
El tema de la Mesa del Parlament puede parecer superficial, pero no lo es, y por eso creo que cualquier lector avispado habrá pensado en ella. Si bien la mesa es un organismo de organización y administración, tiene el poder de controlar los tiempos, de dejar morir proyectos y de obstaculizar. Justamente La Razón publicaba un artículo recientemente sobre cómo en el actual Congreso hay 143 leyes atascadas. Si bien es cierto que ni la mesa más militante y parcial puede poner un cerrojo a absolutamente todas las proposiciones de ley, sí es un obstáculo a tener en cuenta, y a temer. La solución a este problema dependerá de la correlación de fuerzas y, sobre todo, de si la derecha actúa en bloque o no. Independientemente del resultado, que la derecha controle o no la mesa no afecta el fondo de mi tesis, pero sí alteraría mucho la forma en la que se lleva a cabo.
“Junts y AC nunca colaborarán con PP y VOX, y viceversa”.
Cualquiera que conozca mínimamente la realidad de la negociación parlamentaria en el Parlament sabe que el PP, Vox y AC pueden entenderse a la perfección en muchos asuntos. Junts es realmente el verso libre: un día juega a ser una oposición blanda que negocia con el PSC, al otro habla a escondidas con el PP y al siguiente busca revivir el eje nacionalista. Independientemente de la actitud veleta de los de Puigdemont, lo cierto es que hay incentivo para que Junts trabaje con el resto de derechas, o, como mínimo, condicione sobremanera a Illa, pero sin darle grandes concesiones ni apoyo, pues siempre estará la amenaza de AC.
Sea como fuere, si algo nos ha demostrado la política española es que todo es posible; para que la aritmética parlamentaria pueda transformarse en una “coalición” única en su tipo, es necesario que hagamos nuestra parte. Los incentivos están ahí, pero los recelos existentes quizás requieran de un empujón para ser superados.
Resulta imprescindible que quienes somos militantes, votantes, activistas o meros simpatizantes pasivos de las ideas liberales trabajemos para que haya un entendimiento entre todas las fuerzas que defiendan parte de nuestro ideario, independientemente de su posición respecto al conflicto nacionalista. La izquierda ya ha superado ese eje y ya no representa una barrera para ellos; ¿por qué debería serlo para nosotros?
En resumen, es difícil que el PP, Vox, AC y Junts trabajen juntos (nunca he dicho que fuera sencillo) pero es posible. Los números pueden estar ahí pronto: nos toca a nosotros hacer el resto, convencer y presionar.
Otro aspecto a tener en cuenta son las elecciones generales y las municipales del año próximo, que podrían influir en esta operación. Las generales son, de lejos, las más impredecibles, pues no tienen fecha exacta, como sí ocurre con las municipales. Ahora bien, el resultado previsible de dicha cita no altera significativamente mi tesis, pues Aliança no se presentará. No obstante, una desmovilización del electorado que votó a Junts en 2023 y que ahora simpatiza con AC —fenómeno que considero inevitable— se traducirá en una merma de escaños para Junts, lo que acelerará la intención del partido de frenar la sangría y buscar el contragolpe.
Por otro lado, AC irá a por todas en las municipales, su gran apuesta, y la pérdida por parte de Junts de sus cada vez más escasas plazas de dominio local sí supondrá un golpe muy duro. Pero, de nuevo, no es tan fácil acabar con un partido de amplio arraigo y es poco probable que las municipales liquiden a Junts. Ambos escenarios electorales se traducirán en una formación más débil y, por tanto, más susceptible de permitir la investidura de Illa para rearmarse, buscando sobre todo detener los procesos electorales, en los cuales solo tiene las de perder.
Por último, destacar que si Junts muere antes de tiempo o si decide alguna estrategia suicida que les precipite al vacío, todo lo escrito en este artículo puede ocurrir sin ellos, bastaría con que AC, PP y Vox sumaran mayoría absoluta, en este caso, Illa no sería presidente.
Maquiavelo sostenía que la mitad de las acciones humanas están gobernadas por la fortuna y la otra mitad por la virtud. Por tanto, creo que con voluntad política y algo de fortuna puede aprovecharse esta ventana abierta para la derecha en Catalunya.



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