top of page
Buscar

Ser liberal

¿Qué significa ser liberal?

Definir el liberalismo no es fácil dado que existen muchos pensadores y muchas corrientes en un espacio relativamente amplio de tiempo. Desde los inicios del pensamiento liberal con la Revolución Francesa hasta nuestros días, el contexto político-social ha cambiado enormemente al igual que las corrientes del liberalismo han evolucionado para adaptarse a las circunstancias del momento. Dentro ámbitos y matices a los que se pueda llevar el liberalismo, diría que el liberalismo se basa en confiar en el individuo y sus decisiones defendiendo la libertad y la igualdad a través de una serie de principios sociales, políticos y económicos.

Introducción

El liberalismo surge en el siglo XVII en Gran Bretaña como corriente filosófica para posteriormente desarrollarse como corriente social y política. Las Revoluciones estadounidense y francesa dieron a conocer al mundo los principios liberales a través de grandes cambios en las estructuras de gobierno, marcando así el comienzo de la Edad Moderna.

Un repaso interesante sobre los principios liberales lo hace Juan Ramón Rallo en su libro Liberalismo (2019), aunque en lo que concierne los grandes pensadores liberales, el libro La llamada de la tribu (2018) de Mario Vargas Llosa hace un profundo pero ameno relato de sus vidas, obras principales y anécdotas. Sin caer en posturas dogmáticas creo conveniente hacer un repaso de porqué el liberalismo es seguramente la mejor forma de gobierno que puede existir y prueba de ello es que la mayoría de países del mundo se basan en los principios de la democracia liberal. Sin embargo, ocurre con frecuencia que el concepto “liberal” sea confundido, malinterpretado o erróneamente acusado por sus detractores. Por ello es necesario entender qué significa y en qué consiste ser liberal.

Los dos pilares básicos de la doctrina liberal son la libertad individual y la igualdad ante la ley. A partir de ellos se derivan todos los demás como la defensa de los derechos y libertades individuales, la libertad económica, el respeto de la propiedad privada o la igualdad de oportunidades. Claro está que ninguna de estos principios puede lograrse sin la existencia de un Estado de derecho que los garantice. Entendiendo bien el liberalismo se puede llegar a una postura razonada y consensuada sobre muchos temas sensibles y de enorme actualidad como el aborto, el matrimonio homosexual, la inmigración, el medio ambiente o la eutanasia, entre otros.

Liberalismo político y liberalismo económico

Es importante diferenciar los dos principales ámbitos del liberalismo: personas y economía. El liberalismo social o político toma como punto de partida el individuo y sus decisiones (ej. libertad de culto, de expresión, vida privada), éste surge con las obras de Locke, Montesquieu, Voltaire, Rousseau o Stuart-Mill. Desde sus inicios, el liberalismo político ha defendido la igualdad entre los individuos y un sistema político opuesto a cualquier forma de absolutismo, cosa que se consigue a través de la separación de poderes y un sistema de contrapesos cuyo objetivo es prevenir los excesos de la clase dominante.

Por otra parte, el liberalismo económico defiende las libertades comerciales y la mínima intervención estatal, conceptos que se desarrollarían posteriormente con el nacimiento de la economía como ciencia. Las bases del liberalismo económico provienen de las obras de Adam Smith y David Ricardo que por aquel entonces se consideraban filósofos. Sin embargo, una lectura extremista de ambos conceptos es errónea: la libertad individual no puede entenderse sin la influencia del grupo o colectivo y la libertad económica en su máxima expresión no resuelve los problemas sociales, sino al contrario. Por ejemplo, para Adam Smith, gran exponente del liberalismo económico a través de lo que él denominó la “mano invisible” que guiaría hacia el interés general, no se podía concebir la economía sin unos fundamentos morales sólidos.

El liberalismo social y económico están estrechamente vinculados y el segundo es una consecuencia del primero. La filosofía liberal es individualista –pero no en término egoísta– ya que se deposita la confianza en el individuo, que tiene soberanía para dirigir su propia vida. Cierto es que el contexto colectivo influencia estas decisiones, pero el pensamiento liberal cree que la ambición individual permite al individuo desarrollar sus talentos y escoger su vocación, permitiendo así el desarrollo de la economía de mercado y en consecuencia el liberalismo económico. No obstante, cabe decir que esta visión idealizada del desarrollo individual no sería posible sin la existencia de un Estado de Derecho basado en la separación de poderes que garantice principios básicos como la igualdad de oportunidades y la seguridad jurídica y física de sus habitantes.

Como en cualquier otra corriente ideológica, en el liberalismo conviven varias posturas distintas. Entre ellas encontramos las variantes como el miniarquismo, anarcocapitalismo o socio-liberalismo/progresista. En cuanto a corrientes económicas, la escuela liberal se basa en la escuela neoclásica, pero con muchas corrientes y matizaciones distintas. Por lo general, el liberalismo no es conservador (aunque no significa que ambas cosas sean excluyentes), ni tampoco debe confundirse con la doctrina neoliberal, que puede considerarse como una evolución del mismo hacia la predominancia única del mercado y la reducción de la intervención Estatal. De hecho, tantas corrientes históricas de pensamiento hay para el liberalismo, como las hay para el neoliberalismo que aplicado de forma dogmática ha generado resultados cuestionables.

Sobre el neoliberalismo

Me parece importante mencionar ciertos aspectos sobre el neoliberalismo. El neoliberalismo es una corriente del liberalismo económico que surgió en los años 1980, encontrando sus máximos exponentes en los gobiernos de Thatcher y Reagan. A las políticas neoliberales se le atribuyen varios rasgos como la reducción del tamaño del Sector Público a través de la privatización y liberalización de sectores estratégicos, la defensa del libre comercio y la reducción del gasto público. Hoy la evidencia demuestra que las recetas neoliberales no son siempre la única solución, ni tampoco siempre la correcta. Erróneamente el discurso neoliberal ha pivotado entre las nociones de liberalización vs. regulación o privatización/desmantelamiento del Estado vs. provisión pública. Sin embargo, es preciso entender que la liberalización y la regulación no son conceptos excluyentes sino complementarios: un sector liberalizado (ya sea el de la telefonía o la energía) necesita de un estricto marco regulatorio y de una supervisión constante por parte de una autoridad pública independiente para evitar que las empresas abusen de su posición dominante y realicen prácticas colusivas en detrimento de los consumidores.

En cuanto a las políticas de liberalización de sectores estratégicos y de privatización o externalización, no tienen otro interés que lograr una gestión más eficiente de los recursos y lograr mayores ganancias para la sociedad derivadas de la existencia de competencia en el mercado libre. Que un bien o servicio público lo proporcione una empresa privada no significa que se convierta en un bien de mercado o que se “privatice” un determinado bien, ya que la titularidad y encomienda de gestión sigue siendo pública (por ejemplo, con el transporte público). Las diferentes modalidades de colaboración público-privada han permitido expandir y mejorar enormemente los servicios públicos. No obstante, varios estudios académicos demuestran que la calidad de un servicio no viene siempre determinada por su titularidad (publico/privada). Este puede ser el caso de la sanidad pública, por ejemplo. De todas formas, la gran mayoría de pensadores y economistas liberales no son contrarios a la intervención estatal y defenderían su actuación cuando el libre mercado no produzca los óptimos socialmente deseables.

Por ello es importante diferenciar entre lo que es el liberalismo político y el liberalismo económico con las diferentes matices y corrientes que existen en su interior. El verdadero liberal es aquel que defiende la libertad de elección de los ciudadanos sin imposiciones ni dogmas.

Por último, creo conveniente matizar ciertos mitos o incorrectas interpretaciones sobre el significado del liberalismo.

Mitos sobre el liberalismo

En primer lugar, la creencia de que los liberales son anarquistas es totalmente errónea. Por ejemplo, al contrario de lo que erróneamente se le atribuye, Adam Smith defendía la intervención del Estado en la vida económica por varios motivos, entre ellos: la protección de la integridad física de los ciudadanos, el ejercicio de justicia y la existencia de las instituciones públicas. El ideal político en las obras de Smith está vinculado con la importancia de la moral y el bien público (véase su Teoría de los sentimientos morales). Como hemos visto, los pilares de la orden liberal no pueden sustentarse sin un Estado que los salvaguarde.

En segundo lugar, decir que el liberalismo es individualista y egoísta es algo que tampoco puede justificarse a través de evidencia. De hecho, los liberales son los primeros que defienden la justicia social y la igualdad de oportunidades para promover las condiciones necesarias que garanticen el progreso y la mejora de las condiciones de vida de cada ser humano. Aunque se asume que el individuo es plenamente responsable de sus decisiones y acciones, no se niega que el entorno social influencie las mismas. Además, el liberalismo es tolerante y defiende el pluralismo y la libertad de expresión. De tal forma, es inherente la defensa de las diversas formas de asociacionismo existentes entre los ciudadanos.

En tercer lugar, no es cierto que el liberalismo sea insensible a las desigualdades. El liberalismo entiende las desigualdades salariales como los distintos niveles de contribución de cada individuo, defendiendo un sistema basado en el esfuerzo personal y la meritocracia. Aun existiendo distintas condiciones de partida, se defiende y garantiza el principio de igualdad de oportunidades a través de la provisión pública de ciertos bienes (bienes preferentes) como puede ser la enseñanza pública, las universidades públicas o la sanidad, y, en cualquier caso, todos los elementos que conforman nuestro Estado de Bienestar. El liberalismo va necesariamente ligado a la existencia de una ética y moral en los individuos.

En cuarto lugar, asociar las crisis económicas al liberalismo económico es erróneo porque el liberalismo no puede reducirse ni entenderse como un fundamentalismo o una fe ciega en el mercado. El liberalismo económico defiende el libre mercado, pero no por ello los excesos y/o errores que se han cometido. El libre mercado es duro porque prima el esfuerzo y el ingenio, no obstante, en su conjunto es mucho más favorable para la sociedad (genera competitividad, diversidad en la elección, etc.) que un régimen económico planificado. El liberalismo intenta reducir la intervención pública a su mínima expresión, pero en ningún caso pretende eliminarla. Los poderes públicos son necesarios para salvaguardar el Estado de Derecho y proveer los bienes no de mercado o bienes preferentes. Además, el sector público debe garantizar un marco adecuado para el desarrollo empresarial, simplificando la burocracia y defendiendo la competencia.

En el libro mencionado, Vargas Llosa critica que uno de los puntos débiles de la obra de Hayek es el no tener en cuenta los fenómenos de corrupción que debilitan el Estado de Derecho. Sostiene que lo que facilita la corrupción es “el desplome de los valores morales, sustentados en la religión o laicos”. De hecho, la voluntad de lucro desmesurada y las violaciones en la ley llevaron a la crisis financiera del 2008 que “precipitaron el colapso de las economías y el rescate con dinero público, es decir, dinero de sus víctimas”. Vargas Llosa nos recuerda que esto ha hecho un enorme daño al capitalismo y a la economía de mercado y vuelva sobre la obra de los primeros pensadores liberales como Adam Smith que sostenían que el liberalismo no funcionaría sin sólidas convicciones morales.

En quinto lugar, la creencia de que el liberalismo es un pensamiento dogmático es falsa. Como indica Vargas Llosa: “el liberalismo no es dogmático, sabe que la realidad es compleja y que las ideas y programas políticos deben adaptarse a ella si quieren tener éxito, en vez de intentar sujetarla dentro de esquemas rígidos”. Además, en cuanto al liberalismo económico, sostiene que el liberalismo ha “generado una enfermedad infantil, el sectarismo, encarnada en ciertos economistas hechizados por el mercado libre como una panacea capaz de resolver todos los problemas sociales”. El liberalismo es una forma de pensar flexible que defiende la libertad de elección individual y la existencia de un Estado para garantizarla. En cuanto a la tolerancia que muestra el pensamiento liberal, Vargas Llosa elogia a pensadores como Adam Smith o Isaiah Berlin. De hecho, la obra intelectual de Berlin se basa en el ejercicio de la tolerancia y en un permanente esfuerzo de comprensión del adversario ideológico. Citando al propio Berlin: “es aburrido leer a los aliados, a quienes coinciden con nuestros puntos de vista. Más interesante es leer al enemigo, al que pone a prueba la solidez de nuestras defensas (…) ¿Para qué? Para poder enmendarlas o abandonarlas [las ideas]”.

En definitiva, el liberalismo se puede resumir como la defensa de la libertad como único principio moral (como hemos visto basado en la libertad individual y en la igualdad ante la ley). Una libertad que se basa en la tolerancia y en el respeto de las distintas formas de vida. El liberalismo no impone un modelo de vida concreto ni una moral ni unos valores únicos, al contrario de otras corrientes ideológicas. La oposición a una única visión de la realidad (y con ella los juicios de valor que determinan lo socialmente correcto e incorrecto, lo deseable o indeseable) es lo que diferencia al verdadero liberal de otras corrientes como el comunismo, el socialismo, el nacionalismo o el conservadurismo radical. Esta moral y estos valores serán válidos mientras no agredan y respeten la libertad de los demás ciudadanos y sus propiedades. La sociedad liberal se estructura en torno al individuo y sus decisiones que deben tomarse sin imposiciones ni presiones, de forma voluntaria y desde el convencimiento personal.

El liberalismo se basa en el respeto de las decisiones individuales en un marco de convivencia que es el de respetar la libertad de los demás individuos. Una buena forma de comprender el pensamiento liberal desde una óptica civil es leyendo el ensayo Sobre la libertad (1858) de Stuart-Mill. En él se hace un alegato a libertad de pensamiento y discusión (por lo tanto, a la expresión de distintas ideas y formas de pensar) y a la individualidad y autonomía de decisión como elementos básicos del bienestar. La individualidad permite el desarrollo de la creatividad y la existencia de diversidad. La convivencia se basa en el principio de mayor felicidad que implica el respeto de la libertad individual siempre y cuando ésta no perjudique a las demás personas.

Conclusión

Ser liberal es defender un orden democrático que acepta la diversidad y que respeta a la persona como un humano único e irremplazable. Ortega y Gasset, en su libro La rebelión de las masas define el liberalismo como “la suprema generosidad. El más noble grito que ha sonado en el planeta. La decisión de convivir con el enemigo: más aún con el enemigo más débil”. Por tanto, el liberalismo trata de la defensa de los derechos humanos, de las minorías, de la libertad religiosa, de la libertad de prensa y expresión y de una economía responsable que compagine el mercado libre pero que corrija los fallos y actúe en base al principio de igualdad de oportunidades. Por encima de todo, creo que ser liberal es tener un espíritu reformista, defender el pluralismo, ser dialogante y tolerante y alejarse de toda postura sectaria o reduccionista. Sólo entendiendo la complejidad de nuestra sociedad y desde un punto de vista pragmático se pueden tomar decisiones que beneficien al individuo y, por ende, al bien común.

P.S. Puede que hoy en día nuestras democracias liberales se estén alejando cada vez más del verdadero pensamiento humanista y liberal. ¿Ha entrado en crisis el liberalismo? El ejemplo más evidente es desarrollo y uso indiscriminado de las plataformas de RR.SS. en el contexto político-social. Sus consecuencias no son despreciables. Las nuevas dinámicas y estrategias de comunicación suponen un desafío para la sociedad, conduciéndola hacia nuevas formas de populismo en el S.XXI. Precisamente sobre ello reflexiona el profesor y ex político José María Lasalle en su libro El Liberalismo herido (2021). Está claro que estamos viviendo momentos delicados y nosotros los jóvenes tenemos que dar ejemplo y defender una nueva forma de hacer política que sitúe los principios liberales en el centro de las decisiones.

10 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Kommentare


bottom of page