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Nota: todos los socios de Voces Libres España tienen el derecho de publicar artículos en el blog, estos reflejan las opiniones personales del autor y no son un posicionamiento oficial de la asociación.

Una generación que ya no quiere esperar más

Extremadura es una tierra noble, rica en recursos naturales, en historia, en cultura. Pero sobre todo es una tierra que ha sido durante demasiado tiempo paciente. Demasiado paciente. Una región que ha escuchado promesas, aceptado diagnósticos y soportado recetas políticas que, aunque bienintencionadas en apariencia, han generado dependencia en lugar de dinamismo, burocracia en lugar de innovación, subsidio en lugar de libertad.


Hablar desde una perspectiva liberal —y joven— en esta tierra no es sencillo. El discurso dominante, durante demasiado tiempo, ha vinculado el progreso al intervencionismo y a una red de ayudas que, si bien fueron necesarias en ciertos momentos históricos, hoy actúan como freno para las ambiciones legítimas de quienes queremos construir aquí nuestro futuro.


Extremadura tiene una de las tasas de paro juvenil más altas de Europa. Muchos lo señalan como un problema económico, y lo es. Pero es también, y, sobre todo, un problema político. Porque detrás de cada joven que se va, hay una estructura institucional que ha fallado. Porque detrás de cada oportunidad que no llega, hay un marco legal que la bloquea. Porque detrás de cada talento que se frustra, hay una mentalidad que desconfía de la libertad y prefiere la tutela.


Los jóvenes extremeños estamos cansados. No del esfuerzo, sino del conformismo. No del trabajo duro, sino de las puertas cerradas. No del compromiso, sino de un sistema que trata de premiar la obediencia y castigar la ambición. Y frente a eso, empezamos a decir algo radical en su sencillez: queremos libertad. Libertad para emprender, para innovar, para invertir, para educar a nuestros hijos según nuestras convicciones. Libertad para prosperar sin tener que pedir permiso ni favores.


Esta demanda de libertad no es ideológica en el sentido partidista del término. Es una exigencia generacional. Porque los problemas que arrastramos no se resolverán con más gasto, ni con más estructuras públicas, ni con más “mesas de diálogo”. Se resolverán cuando entendamos que el papel de la política no es sustituir a la sociedad civil, sino liberarla. Que el Estado debe proteger, no dirigir. Que una región no se transforma desde el control, sino desde la confianza.


Hoy vemos cómo en nuestra región hay quienes, desde el poder, siguen blindándose en lugar de reformarse. El reciente aforamiento del secretario general del PSOE extremeño, Miguel Ángel Gallardo, es un síntoma más de una forma de hacer política que no entiende de regeneración ni de transparencia. Un poder que se protege a sí mismo antes que a los ciudadanos. Que prefiere colocar leales que escuchar propuestas. Que se aferra al cargo mientras se vacía el territorio.


Y al mismo tiempo, vemos cómo a nivel nacional el Gobierno de Pedro Sánchez normaliza la erosión de la separación de poderes, degrada el mérito y el esfuerzo, y apuesta por un modelo que no es de progreso sino de complacencia, de control, de reparto de favores. Mientras tanto, en Extremadura seguimos esperando por un tren digno, por una conexión real, por condiciones mínimas para competir con Madrid, con Lisboa o con el resto del mundo.


¿De verdad alguien cree que eso se soluciona con más subvenciones?


Necesitamos cambiar la pregunta: no es “¿qué puede hacer la Junta por ti?”, sino “¿qué puede dejar de hacer la Junta para que tú lo hagas?”. Reducir trabas, simplificar procedimientos, bajar impuestos al emprendimiento, ofrecer seguridad jurídica, permitir que las industrias se instalen sin enfrentar un laberinto de normas contradictorias. Y, sobre todo, dejar de desconfiar de la libertad.


El reto está claro. No es izquierda o derecha. Es pasado o futuro. Es sumisión o dignidad. Es continuar con el paternalismo institucional o avanzar hacia una sociedad de ciudadanos adultos, libres y responsables. Y muchos jóvenes extremeños hemos elegido ya.


Porque ya no queremos que nos prometan empleo público como salvación. Queremos un ecosistema económico donde crear una empresa no sea una gesta heroica. Porque ya no queremos que nos digan que “nos toca esperar”. Queremos que se nos escuche, se nos respete y se nos deje construir.


No queremos una Extremadura subvencionada, queremos una Extremadura libre, dinámica, abierta, competitiva. Una Extremadura donde quedarse no sea sinónimo de resignación, sino de oportunidad.


Este es el mensaje del liberalismo en nuestra tierra. No gritamos. No buscamos provocar. Simplemente nos negamos a seguir aceptando un modelo que nos infantiliza, nos empobrece y nos expulsa. Queremos menos tutelas y más futuro. Menos aparato político y más sociedad civil. Menos controles y más confianza.


Porque cuando se deja respirar a una sociedad libre, el talento brota, las oportunidades aparecen y el progreso deja de ser un discurso para convertirse en realidad.

Extremadura tiene todo para liderar. Solo necesita atreverse.

 
 
 

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